¿El chamarra #challenge?

¿Cuántas chamarras dejarían de producirse si la gente se conformara con tener una sola? La misma hasta que se hiciera vieja.

¿Se imagina?

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Invierno tras invierno con la misma chamarra en las imágenes de Facebook, como retrato hablado diría mi familia.

Esa sola acción lograría un círculo virtuoso que daría un respiro al planeta:

1.- Menos demanda de chamarras obligaría a las fábricas a disminuir su producción.

2.- Menor producción significaría menor contaminación del aire y del agua.

3.- Las chamarras subirían de precio pero el incremento se compensaría porque compraríamos una cada ocho años, por mencionar un lapso tiempo.

En este argumento simplista y viejo no hay originalidad, pero si mucha lógica.

Tomar la decisión de poseer una sola chamarra no es tan sencillo como hacer el #Mannequin #Challenge, implica tener una convicción y un compromiso con los que vivirán después que nosotros.

Sinceramente creo que muy pocos se atreverían a hacerlo. Por presión social o simple vanidad muchos no tienen el valor de utilizar una chamarra que ya pasó de moda o de dejar que la imaginación de sus conocidos vuele pensando que el trabajo no le da ni para comprarse otra chamarra.

Vivir con la ropa mínima indispensable para dejar de contribuir a la producción masiva que destruye el planeta es un acto de rebeldía a contracorriente de la marea consumista, ya no digo la idea de intercambiar la ropa en desuso con la familia y amigos.

Tener una sola chamarra es el extremo, de acuerdo, la propuesta no es tener un solo vestido, un solo sueter, un solo pantalon. Mi apuesta se dirige más bien a lo siguiente: esfuércese conmigo a imaginar que cantidad de ropa y cosas dejaríamos de comprar si antes nos preguntáramos ¿de verdad lo necesito? ó ¿mi vieja chamarra aun está en buenas condiciones?

Lo que más le llama la atención a esta ingenua curiosa son todas las compras que dejan de lado el concepto de necesidad por otro cualquiera: status, acumular, sentirse mejor, andar a la moda, tener lo último en tecnología, etcétera, etcétera, etcétera.

¿La gente del vídeo sabría de antemano que iba a comprar?

Las imágenes del Black Friday nunca dejarán de sorprender a quien siendo niña creció utilizando la ropa de sus primas, en aquel entonces mucho más por razones económicas que por convicción.

Pero me consuela toparme con un conjunto de personas que con su ejemplo y activismo promueven el consumo responsable.

En fin, estoy convencida de que bajarle dos rayitas al consumismo desmedido es totalmente posible y deseable para la humanidad. Dejo esta reflexión por aquí y la imágen de la vieja chamarra que ha estado conmigo desde hace ocho años #PorSiEstabanConElPendiente