Día de la mujer, equidad de género

Día de la mujer, equidad de género

Más que celebrar a la mujer, como una fiesta, es la ocasión para reflexionar sobre lo que implica ser mujer en un mundo en el cual, desde tiempos remotos, se la ha considerado como un objeto, un trofeo, una posesión que ha de usarse y de presumirse, cuya mayor habilidad radica en adaptarse a las condiciones adversas que doblegan su esencia, sus derechos y sus oportunidades.

A lo largo de la historia humana, la lucha por la equidad de género ha sido una constante. Es una batalla que se libra contra la violencia que se ejerce desde la retórica hasta la práctica. Se descalifica a la mujer por su sensibilidad, se le condena por pensar, se le doblega por exigir y, a pesar de los avances logrados hasta el siglo XXI, aún se le tortura por placer.

En los intentos por lograr la equidad de género, muchas mujeres se han masculinizado, dejando de lado su feminidad, mutilando su naturaleza en aras de alcanzar logros significativos. Otras más, abandonan sus aspiraciones para cumplir con expectativas sociales. Por otra parte, en esta lucha el hombre recibe el papel de victimario, cuando en realidad también está sujeto a las convencionalidades sociales, condicionándolo a no expresar sentimientos, a no hacer empatía con la mujer, a reproducir la violencia que aprendió como modo de interacción.

Este 8 de marzo  es una ocasión para cuestionar la dinámica que practicamos desde la familia, en la escuela, en los centros de trabajo, en las instituciones. Es un momento para romper los círculos viciosos que limitan las oportunidades para las mujeres, que colocan a los varones como adversarios, a fin de construir una nueva manera de interactuar, de edificar una sociedad funcional, incluyente, donde el género no sea el criterio definitorio para alcanzar beneficios y reconocimientos. Una sociedad que ofrezca la misma libertad y la misma responsabilidad al ser humano por sus aspiraciones, sus habilidades, su talento, su empeño y compromiso.