Diarios de una migrante

Llegó el momento de las despedidas otra vez, de las lágrimas y el escuchar constantemente: "no te vayas, te vamos a extrañar", "aquí vamos a estar esperándote". Decenas de palabras y deseos hermosos de la gente cercana que tanto amas. Mientras tú respondes con una sonrisa: "nos veremos pronto", y por dentro tu corazón lucha con no enfrentarse a la realidad de que te irás una vez más y que en alguna fecha incierta regresarás. Una semana antes de partir repasas en tu mente todos los recuerdos e inevitablmente terminas llorando cada noche, sin faltar una sola. Ves las fotografías con nostalgia, pensando cuánto tiempo pasará para volver a ver a esas personas amadas y aún no te has ido. Los abrazos cada vez son más largos y los "te quiero" cada vez más frecuentes. Te aferras a la idea de que ya lo has hecho antes y que no morirás de tristeza. Sabes que te subirás al avión y antes de que despegue, vas a estar llorando en tu asiento, rogando porque el avión ya esté en el aire para que puedas dormir y olvidarte por un momento que no regresarás pronto. Porque -para ti- pronto significa la semana siguiente.

Sabes que llegarás a tu destino y automáticamente harás lo que has hecho todas las veces anteriores. Que verás tu casa y al menos no tendrás una sensación extraña al mirar tus cosas ahí: tu cama, tu ropa y tus muebles, y que aunque sepas que sólo son temporales al fin y al cabo son tuyos. Tendrás que adaptarte una vez más. Sobrevivir una vez más. Acostumbrarte nuevamente a escuchar y a hablar un idioma ajeno al tuyo para comer, hacer trámites, platicar con profesores, tu compañera de casa y hasta algunos compañeros. 

Existe la creencia de que como el irte es algo que tú elegiste, deberías de disfrutarlo. En gran parte es cierto, pero haberlo elegido no significa que no sea difícil. No significa que decir adiós por décima vez lo haga más fácil, que ya extrañes menos, o que anheles menos volver. Porque estar lejos significa vivir constantemente en el presente y el futuro al mismo tiempo. Porque tu cuerpo y la mitad de tu mente están ocupados en las tareas diarias y resolviendo los problemas cotidianos, pero tu corazón y la otra mitad de tu mente están en el momento del reencuentro, de ese largo abrazo y de los muchos "cuánto te he extrañado". Pero ya no hay vuelta atrás y es momento de emprender el camino otra vez. Confías en que cada vez será más fácil, porque aunque no sepas cuánto tiempo tome, sí sabes que algún día regresarás.