El que nada debe, nada tiene

La primera vez que lo escuche me sorprendió, primero por el juego de palabras y después por lo que este refrán compuesto dice de los mexicanos.

El que nada debe, nada tiene El que nada ahorra nada tiene.

Desde entonces no se me olvida. Siempre es buen momento para cuestionar si es verdad que los mexicanos necesitamos endeudarnos para tener todo lo que deseamos: vacaciones, la televisión de 42 pulgadas, el nuevo colchón, el vestido para la boda de la prima, la cocina integral, etcétera.

Si nos atenemos a las estadísticas parecería -en primera instancia- que la razón está con la justificación más popular para adquirir deuda, el famosísimo “es que no me alcanza”.

De acuerdo con la primera encuesta financiera elaborada por Banamex y la UNAM (2008) el 31% de los mexicanos gastan más de lo que gana, casi en la misma proporción, el 33% de los encuestados señaló que no ahorra porque el dinero no le alcanza.

Si en México el 67% de la gente que trabaja percibe ingresos mensuales inferiores o iguales a 5 mil pesos -de acuerdo con el INEGI- entonces no resulta extraño pensar que la queja está más que bien sustentada.

Más aún si a ello le añadimos que un hogar promedio en México gasta la mitad de su ingreso en alimentos y transporte, dos rubros que, por lo menos desde hace seis años, han registrado incrementos de precios hasta dos veces mayores que el alza de precios en el grupo de productos y servicios que sirven de base para medir la inflación.

Ello sin contar que la última Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares elaborada por el INEGI nos revela que del 2008 al 2012 el ingreso de las familias mexicanas cayó 11%.

Estas consideraciones parecerían más que suficientes para justificar que, por ejemplo, en México los hogares más pobres con ingresos que rondan los 800 pesos mensuales -sin contar apoyos gubernamentales- sean los más endeudados.

Los más pobres del país deben 6 de cada 10 pesos que reciben como ingresos según el análisis de la situación de la banca en México elaborado por Bancomer con datos al primer semestre de 2014, mientras que un hogar promedio debe 1.5 pesos por cada 10 que recibe.

Visto de esta forma, parecería más que imposible vivir sin deudas.

Sin embargo, hasta ahora no hemos considerado un factor que en apariencia es menor, pero que en gran medida contribuye a que nuestra condición de deudores parezca interminable: la falta de control sobre las finanzas personales. Muy pocos planean y a casi nadie le enseñaron como hacerlo.

Según la encuesta Banamex-UNAM menos de 20% de los mexicanos elabora un presupuesto, una buena costumbre que rara vez se enseña en casa y que hasta hoy no se ha incluido en las materias de primaria o secundaria. Persiste en México el analfabetismo financiero.

Sin duda uno de los reflejos más palpables de la falta de planeación presupuestal son los llamados gastos hormiga, aquéllos que con un costo inferior a 100 pesos diarios se adquieren cuatro o más veces a la semana y de los que sin problema  podríamos prescindir.

Un cálculo realizado por la Condusef que toma en cuenta -a la semana- 2 cajetillas de cigarros, 1 paquete de chicles, 5 vasos de café, 1 boleada de zapatos, 5 refrescos, 5 botellas de agua y 4 propinas, arroja un costo semanal de 331 pesos, que en el acumulado anual suma los 15 mil 888 pesos.

Para una persona con ingresos promedio de 8 mil pesos mensuales el gasto hormiga referido representa el 16.5% del total de sus ingresos anuales, con los cuales bien podría financiar unas vacaciones familiares, la remodelación de la cocina o el baño, los regalos navideños o la anhelada televisión de 42 pulgadas.

Y la lista no acaba ahí, podríamos alargarla con infinidad de aparentes “compritas”: el jugo de la mañana, el antojo del medio día, el estacionamiento, el vaso de fruta, los 10 pesos extra de los combos en el cine o los establecimientos de comida rápida, entre muchos otras.

La ausencia de una planeación financiera medianamente rigurosa nos aleja de cumplir nuestros propósitos anuales y hace parecer imposible su logro, y lo que es peor, nos lleva a pensar que la deuda -y no el ahorro- es el medio para financiar estos gustos, los imprevistos y otras necesidades.

Qué pasaría si, por ejemplo, Doña Rosa que compró su refrigerador a crédito en una popular tienda amarilla con letras rojas hubiera tenido la paciencia de ahorrar.

Doña Rosa pagó 9 mil pesos por un refrigerador de 18 pies y congelador superior con “abonos chiquitos” de 147 pesos semanales por un año y siete meses, esto es, 25% más que el precio de venta de contado fijado en 7 mil 200 pesos. Si Doña Rosa se hubiera propuesto como meta comprar su refrigerador con sus ahorros -sin el crédito de esta empresa- habría tardado un año para reunir ella misma los 7 mil 200 pesos que necesitaba para pagar al “chaz chaz”, siete meses menos que con los abonos chiquitos.

Con los 1,800 pesos que le cobraron de intereses, la señora hubiera podido comprar también la licuadora de cinco velocidades por 760 pesos y la plancha de vapor por 1000 pesos, ambos con precios de contado.

Lamentablemente el 43% de los mexicanos no acostumbra a ahorrar de acuerdo con los datos de la Asociación Mexicana de Afores, por lo que, al presentarse un imprevisto como la descompostura del vehículo, una enfermedad o una urgencia, se ven obligados a endeudarse para hacer frente a la necesidad del momento.

La Condusef reporta que 7 de cada 10 mexicanos recurren al crédito informal, es decir, no piden préstamos al banco sino lo solicitan a la familia, al amigo o en el peor de los casos a un agiotista que cobra intereses semanales de 3% a 5% sobre el monto total.

Expertos recomiendan ahorrar el 10% de los ingresos mensuales y hacer una planeación de ingresos contra gastos que permita detectar montos promedio de egresos fijos, como renta, transporte, agua, luz, teléfono fijo y móvil, entre otros.

También, fijar un plazo y cuota mensual para abonar a las compras que deseemos realizar en el mediano y largo plazo, y por supuesto, NUNCA, NUNCA, gastar más de lo que se tiene.

Hace falta voluntad y disciplina para ahorrar. Primero debe tenerse una meta clara -factible en tiempo y capacidad financiera- una que nos motive lo suficiente porque hay que apretarse el cinturón como se dice popularmente, pero ¿a quién no le vendrían bien 15 mil pesos para tomarse unas vacaciones a fin de año?

Yo digo que es posible. En mi opinión el que nada ahorra, nada tiene.