La Obsesión: educación vs edades

Comparar años de graduación es una de las equivocaciones más grandes, como olvidar millones de pesos en una inversión. Abandonamos el motivo original. Liberados de nuestros sueños cedemos a las dudas de allegados. No sospechábamos el daño semanal en nuestra cognición. A 100 años de iniciado el nuevo paradigma social, podemos decir que la incertidumbre intelectual es congénita.

La Obsesión: educación vs edades Imagen tomada de www.lospumasunam.com.mx

Me imagino que te haces preguntas en relación a tus años de vida “Ya tengo n años ¿Por qué no he logrado [Inserte sueño aquí]?”, así concluyes tu atraso o predices el límite del tiempo para realizarlo. Escucho la conversación de dos familiares, mayores de 50 años, con expectativas sobre el futuro. Se siente un diálogo frustrado, de falta de esperanza, no apagado en su totalidad. Independiente  a la edad, platican sobre actividades que forjan los sueños y la plenitud humana. La relevancia de los años es casi palpable desde donde me encuentro escribiendo.

Me recuerda el caso de compañeros de clase (algunos graduados). Acosados por el fantasma del futuro. Estigmatizados por otras fechas de titulación. Comparan sistemas educativos.  Envidian los logros a menores edades, consecuentemente se frustran.

No soy diferente, he vivido ese escenario del deseo de lo prójimo, sucumbido ante la falta de ánimo. Experimentando el desasosiego y presente en el vivir precario. Abniego los recursos del estudio y me sumerjo en la tristeza latente. Olvido quién es mi semejante. Herido, recuerdo los beneficios de haber nacido, y discuerdo con la opinión tajante.

En nuestro afán por obtener igualdad, hemos relegado uno de los aspectos más bellos de nuestra persona. Nuestra identidad es la característica única que nos define. Y en ese sentido, buscamos equidad entre todos, cediendo a la envidia y perdiendo la oportunidad de concluir nuestros objetivos.

Comparar años de graduación es una de las equivocaciones más grandes, como olvidar millones de pesos en una inversión. Abandonamos el motivo original. Liberados de nuestros sueños cedemos a las dudas de allegados. No sospechábamos el daño semanal en nuestra cognición. A 100 años de iniciado el nuevo paradigma social, podemos decir que la incertidumbre intelectual es congénita.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) explica en su documento “Panoramas de la Educación 2014: Indicadores de la OCDE”, que la edad típica de ingreso a carreras universitarias en México es de 17-18 años, mientras que en otros países desarrollados, se tienen edades típicas mayores de ingreso a la educación profesional, por ejemplo: Alemania (19-21 años), Dinamarca (20-21 años), Suiza (21-26 años), entre otros.

La edad no es definitiva en cuanto a los logros de una persona, sus vivencias.  Las acciones que la han llevado a cumplir sus objetivos  y  a competir por sus anhelos. No obstante, comúnmente existen las comparaciones por la diversidad, en oportunidades de cada persona, así como el flujo de información del que cada uno es consciente.

En México, la educación básica obligatoria inicia para niños con el preescolar y tiene una duración de 2 años, además la edad mínima de ingreso a la instrucción primaria es de seis años cumplidos, así cursar un total de 6 años en la primaria y 3 de secundaria, según el artículo 3º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y la Ley General de la Educación. La educación media superior consiste en 3 años. Es decir, que se cumple la edad típica de ingreso escrita por la OCDE a la educación profesional. Se deduce que el mínimo de años para ingresar a una licenciatura en México, como resultado de las leyes, es la mayoría de edad (18 años), o estar cercano a este requisito.

En el caso de Colombia, con información de la ley 67 de la Constitución Política de Colombia de 1991 y  la Reforma Legislativa No. 11/08 al mismo artículo , dice que la educación será obligatoria desde los cinco años de edad y comprenderá como mínimo un año de preescolar y 11 de educación básica (primaria, básica secundaria y media vocacional). Concluimos que el mínimo de edad, por ley, para ingresar a una licenciatura, es de 16 años aproximadamente, en Colombia.

Países tan cercanos, culturas hermanas, una región compartida. Con una diferencia tan significativa en las edades para su formación, de origen legal. Una concepción de diversidad en la instrucción educativa generado por preceptos institucionales. ¿Aún es necesario en criticar la diferencia de edades y logros? Probablemente. La necesidad de concluir las metas predichas en tiempo, es un nuevo instinto de supervivencia humana. La desfiguración podría ser una pista para lo que ocurre en el pensamiento contemporáneo.

Ni hablar de la brecha entre los logros como resultado de: el apoyo familiar, el costo de la educación, las condiciones estructurales, alimentación, salud, etc. La disparidad entre la concreción de resultados se pronuncia al incluir aspectos relevantes de la vida diaria. Aproximadamente, ceteris paribus, la diferencia de edad que puede tener un profesionista colombiano a uno mexicano es de dos años, en supuesto de la misma carrera universitaria, mejor ni hablar de la duración del programa.

La envidia ha suscitado las bases de la democracia. Un excelente resultado, proveniente de una reprobable sensación. La organización como origen de una falacia, ha disminuido y aumentado ese resquemor. En logros de la educación, la envidia es un motor de la homogeneización de oportunidades, pero reduce la apreciación del esfuerzo realizado. Si el costo es menor, es aún más notorio.

Muestro con un breve ejemplo. Viviendo en el Distrito Federal, es en extremo sencillo acceder a una educación de calidad gratuita. Desde la básica hasta la universidad (gracias totales, Universidad Nacional Autónoma de México). La relevancia internacional de esta universidad es sublime, le hace atractiva para todo tipo de estudiantes, ya sea por: género, ingresos, posibilidades de estudio, incluso a estudiantes extranjeros. Pero tal facilidad lleva a una idea falsa en los tiempos de desarrollo profesional y personal. Una homologación en el acceso al estudio, no necesariamente implica que las posibilidades de educación sean las mismas.

Finalmente, esto va para usted, lector/a, quien se preocupa por la edad en la que está logrando sus metas, por el tiempo en que sus amigos adquieren nuevas habilidades o en que sus familiares le presionan. Tómese su tiempo si su objetivo en la vida lo requiere, si de plano no sabe qué quiere, dedíquese un periodo a descubrirlo.

Vincit qui patitur