Crónica de una tarjeta clonada y reportada I

El mundo es un lugar horrible. Los seres humanos somos la peor plaga de la historia. Los humanos mexicanos, más.

A principios de 2013 tuve que abrir una cuenta con una institución de banca múltiple de capital nacional, de la cuál no diré el nombre pero rima con Vanorte, para efecto de recibir el pago por la prestación de mis servicios profesionales en un medio informativo digital muy bonito. El más libre de México (pero en serio libre). Desde entonces, se convirtió en mi cuenta de ahorros permanente incluso algunos años desde que salí de trabajar donde ya les dije.

Todo bien. 

En esa cuenta tengo banca en línea por una membresía mensual bastante baja, un bonito token electrónico que también sirve de llavero, me dieron un fólder que no es de cartulina bristol sino reciclado (nos gusta la economía verde) y, lo más importante, una tarjeta de débito con la que poco a poco me fui animando cada vez más a usar de único medio de pago en los comercios donde me fuera posible. Así como las autoridades de banca central, Hacienda y reguladores nos invitan a hacer cada año. Palomita.

Con esa tarjeta vinculé a mi cuenta una serie de servicios digitales a su cargo, como Uber, muy util para el típico jovenazo vago camina-de-madrugada-por-las-calles-con-facultades-cuestionables. También el Paypal, Amazon, Mercado Libre y no sé qué más. Cosas. Y cada que usaba una aplicación, me llegaba mi notificación correspondiente con el cargo, fecha y demás datos para identifiación del cargo.

Pero luego todo cambió. Este 2 de mayo, mi mamá me pidió hacerle una recarga para su celular a través de mi banca en línea, así nadie tenía que salir de su casa, pero cuando entré y vi los movimientos recientes, ¡¡¡PUM!!!, tenía chorromil cargos de Uber de un solo día*1 (casualmente, ese mismo día) que yo no había realizado :O así que llamé al centro de atención y me dijo la señorita grabadora que necesitaba una clave telefónica, la cual no tenía a la mano. A la mañana siguiente, ora sí muy preparado para compartir mi angustia con algún ejecutivo de cuenta y buscar solución, volví a abrir la banca en línea para darle mayor detalle de los cargos no reconocidos y ¡¡¡DOBLE PUM!!! habían más importes de Uber*2. Cuando por fin me atendieron, tras unos 20 minutos -fácil- en espera, el muchachito tomó mi reporte, vagamente los datos y me dijo que ellos me iban a contactar. Yo, muy crédulo, me dije "pues claro Roi, él sabe lo que hace, seguro lo hace muchas veces al día y tiene dominada la búsqueda de los cargos que me pidió sin detalle". Después de todo, qué tanta ciencia hay detrás de "son todos los cargos de Uber de lo que va del mes".

Pasó una semana, luego otra, pero antes de los 15 días sin noticias volví a llamar a ver qué estaba pasanda. El menú de opciones de lo que llamaremos Vanortel, ofrece una grabación donde se consultan los folios de reclamación. Puché los 10 dígitos del folio y, con esa combinación vocal de Amigo Telcel y las estaciones del Metro, la señorita grabadora me dijo que ese folio no existía "y hágale como quiera"; eso último no lo dijo, pero ooooobvio eso significa. De nuevo 20 minutos para ser atendido por una persona viva, le dije del folio y la reclamación, confirmó mi identidad como nombre, #cuenta y algunos dígitos de la clave telefónica y ahí salió el peine, que para no seguir haciendo el caldo gordo (porque bien que sé cuándo lo dejan de leer a uno en la minipantallita toda brillosa con marcas de dedo) fue básicamente así:

El primer reporte arrojó un número de folio - El primer ejecutivo de cuenta me lo dictó no mal, muy mal - Tenga ud. su folio de verdad - Nos tiene que mandar una carta sobre el caso - El primer ejecutivo omitió mencionar la carta - Ya que la mande, nos llama para confirmar que la recibimos y ahí vemos.

  1. Sí, yo afectado, tengo que verificar que ellos, empresa multimillonaria, recibieron un pinche mail.
  2. Sí, ellos empresa multimillonaria con candados de seguridad inútiles (para el usuario, of course).
  3. Sí, casi 15 días después de que ocurrieron los cargos, porque alguien no hizo bien su trabajo... obvio le metí un reporte al primer ejecutivo también, pos este.

Espero haberles dejado el gusanito para la siguiente entrega de esta crónica, les juro que yo estoy con los pelos de punta (y tengo muchos) a la expectativa de qué va a pasar*3.

 

*1 Antes que me quieran regañar y no sé qué más, sí me contacté con Uber para decirles que qué Pedro, Pablo y lo que me dijeron es que como ellos nunca hicieron un contrato conmigo en persona, sino en digital y por mi cuenta, no pueden saber si yo soy el titular legal de la cuenta; es decir, si alguien más usa mi tarjeta sin mi consentimiento, Uber no puede dar fe de quién es bueno y quién es ratero. Primero me enojé mucho, luego comprendí que es razonable. Pero quien me contestó también me dijo que, en efecto, hay una usuaria de nombre Alexa que abrió una cuenta con mis datos bancarios. Me clonaron la tarjeta, quién sabe dónde, quién sabe cuándo. Qué jijos, ¿no?

*2 Esto es lo que más me ha sacado de onda, los días que más cargos no reconocidos tuve fueron los meros días que abrí la banca en línea; hubo de otros dos días, pero solo dos y dos, los que sí la abrí fueron como 10 y 10. ¿Es posible que la tecnología maligna de clonación de tarjetas esté hecha para activarse cuando yo uso la tarjeta clonada o la banca en línea? Sabe Dios y el Sr. Diablo si sea más ocurrencia de su servidor, alimentada de la ansiedad psy-fi de saber cómo pudo pasar lo que pasó. ¿Coincidencia? No lo creeeeeo.

*3 Lo que hace uno para no escribir la tesis. Osh, caigo mal.