Rutas para subir al Teide en coche y qué ver en ellas

Rutas para subir al Teide en coche y qué ver en ellas


El pico más alto de España es un volcán que se encuentra en el centro de la isla de Tenerife. Para subir a Las Cañadas, la forma más sencilla de hacerlo es en coche. Aquí te damos cuatro rutas, cada una con sus paradas obligatorias y nuestra recomendación de una de las mejores excursiones para visitar el Teide.

Acceso por la carretera de La Orotava

Si te quedas en el Puerto de la Cruz, la ruta en coche (si necesitas alquilar un coche, la oficina de Cicar queda cerca) para subir al Teide más cercana es la de la carretera de la Orotava (la TF-21), que va desde el pueblo de La Orotava (imprescindible detenerse a visitarlo) hasta la base del teleférico. Treinta y cinco kilómetros bastante llenos de curvas, que te supondrán una hora de camino (Si eres de los que te mareas, este no es tu acceso).

En el kilómetro 19 de esa carretera, encontrarás el Mirador de Mataznos desde el que, si el tiempo y el mar de nubes lo permite, puedes ver una vista impresionante de todo el valle de La Orotava, el Teide y la silueta de la isla de La Palma.

Un poco más adelante, tenemos en un recodo de la carretera la formación volcánica La rosa de piedra. La formación es resultado del enfriamiento de la lava de forma rápida al entrar en contacto con el aire de forma radial, formando esta singular flor de piedra.

También tienes en esta carretera (en el kilómetro 9) el Guachinche Romance, uno de los restaurantes típicos de comida casera tinerfeños donde degustar papas con mojo, conejo en salmorejo, escaldón de gofio o garbanzas.

Acceso por el noroeste: carretera de La Esperanza

Adecuado si partes de La Laguna o de Santa Cruz. Desde la primera, este acceso en coche al Teide son 55 kilómetros hasta la base del teleférico por la carretera TF-24, lo que te representa una hora y quince de camino aproximadamente sin paradas. 

Sin embargo, te recomendamos que te detengas en el Mirador de Ortuño, en el kilómetro 19. Desde allí, puedes contemplar las primeras vistas del Teide (echa un vistazo a esta galería de fotos), asomándose entre las copas de los pinos y una panorámica de la costa noroeste de la isla. Es el mejor sitio para fotografiar el mar de nubes.

A nivel del kilómetro 24 de esa misma carretera, te encontrarás con el Mirador de La crucita, un balcón natural orientado hacia el suroeste de la isla donde verás el volcán de Arafo y el de Las Arenas, así como el valle de Güímar. Si el día es claro, al fondo puedes llegar a divisar la isla de Gran Canaria.

Acceso por el suroeste de la isla: desde Los Gigantes

Llegar al parque nacional del Teide desde el sur es la forma de ver el parque nacional en todo su esplendor. La carretera TF-38, de unos 50 kilómetros (una hora aproximada de recorrido) entre el acantilado de Los Gigantes y la base del teleférico, es sin duda el acceso más cuidado (con menos curvas y carretera en mejor estado), pero es que además entra por la parte del “malpaís” con lo que nuestra primera impresión del paisaje es de la de habernos trasladado a otro planeta.

En este recorrido está el volcán Chinyero, responsable de la última erupción volcánica de la isla de Tenerife (en 1909).

Otra de las formaciones volcánicas que podemos encontrar en este recorrido es la llamada Tarta del Teide. Se trata de un corte en la carretera en el que se pueden distinguir en distintos colores las progresivas coladas correspondientes a las diferentes erupciones del volcán.

Acceso por el sur de la isla: desde Los Cristianos

La carretera TF-21 une Los Cristianos con el pueblo más alto de España, Vilaflor, donde puedes reservar en el Hotel Spa Villalba, enclavado en medio de un bosque de pinos, en el que puedes desconectar totalmente un par de días.

Son solo 47 kilómetros, aunque la carretera tiene bastantes curvas. Si dispones de algo de tiempo, puedes también desviarte para ver el paisaje lunar, una zona donde la lava blanca se solidificó creando un paraje único. Es una de las joyas escondidas de la isla, muy poco conocida por el turismo porque hace falta caminar por un sendero para poder verlo (un paseo no dificultoso y bien señalizado de unos diez minutos).