¿La solución está en el desarme? No creo.

A raiz de los trágicos acontecimientos sucitados en Orlando, Fla. Los gringos se razgan las vestiduras mientras debaten su controversial ley de control de armas, achacando la paternidad de sus publicitadas masacres a la facilidad y legalidad con la que cualquier ciudadano puede hacerse en los Estados Unidos de una arma de asalto semiautomática y la relativa sencillez con que esta puede convertirse en una arma completamente automática con un poder de fuego de hasta 20 tiros por segundo. Pienso yo: si algo ha frenado al crimen organizado, la anarquía y el terrorismo de sentar sus reales en la unión americana es el temor que en estas facciones radicales existe ante la real posibilidad de que su potencial víctima pueda responder con la misma capacidad de fuego con la que se le intenta atacar. O más.

En México existe desde consumada la revolución, un estricto control de armas y una severa y cerrada política acerca del asunto. El estado, temeroso de que la sociedad pudiera volver a alebrestarse optó por intentar despojar al paisano común y corriente de la posibilidad de defenderse en iguales circunstancias contra un potencial agresor. Y aunque la Constitución garantiza al ciudadano la tenencia de un arma dentro de su domicilio para defender su patrimonio, regula de manera absurda y alevosa el poder de fuego con el que uno puede defenderse en su domicilio.

El control de armas en México no ha detenido, obstruído o siquiera intimidado al crimen organizado en su diario ejercicio de masacrar a la población civil. Lo único que ha logrado es mantener indefensa a la población e incentivar en muchos casos la compra ilegal de armas a los mismos hampones de los que nos intentamos proteger.

Masacres como la de Orlando son cosa de todos los días en nuestro país. Fósas clandestinas con centenas de cadaveres son cotidianamente encontradas y exhibidas en diarios y noticieros. Redadas y cateos donde son encontrados arsenales que harían la Navidad de un Talibán y que son diaramente utilizados por los malos para mantener sometida a la población y aliada a la fuerza pública en la mayoría de los estados.

¿Con que vamos a enfrentar a los malos y policías corruptos que los protegen? ¿Con la 22 que nuestro tío nos regaló cuando teníamos 15 años? ¿Con la 38 que heredamos de papá y que no ha sido disparada en medio siglo? Quizá con el rifle de cacería que pudimos obtener en el mercado negro. Es un alto poder, si. Pero carga solamente seis tiros y es de cerrojo con acción mecánica. Cualquier malo con un M-1 viejito nos aventaja. Y ni hablar de la escopeta cuata del Abuelo que tenemos colgada como adorno encima de la chimenéa. La munición perdiguera que conseguimos en la Lagunilla resulta efectiva a menos de 30 metros y cualquier chamaco con una resortera y buena puntería puede abatirnos con la mano en la cintura.

Que nos queda a los de a pié, aparte de la esperanza de nunca vernos envueltos en un intento de asalto, homicidio, robo o secuestro como los que se dan cada minuto dentro de los 11 estados con mas indice de criminalidad de nuestro país. ¿La resignación?

Si comenzamos a comprar armas en el mercado negro estamos incentivando el negocio de quienes pretendemos defendernos. Y para que nuestra situación no se convierta en paradoja lo mas lógico sería exigir al gobierno Mexicano cancele el control de armas, calibres y cantidad de municiones que se pueden almacenar para los ciudadanos.Ya que el estado no puede garantizarnos la seguridad debería al menos permitirnos la opción de intentar obtenerla por nuestros propios medios. Tan, tan.