¿Un mundo feliz?

El amor jamás dejará de existir. Un día el don de profecía terminará, y ya no se hablará en lenguas, ni serán necesarios los conocimientos. Porque los conocimientos y la profecía son cosas imperfectas, que llegarán a su fin cuando venga lo que es perfecto. […] Ahora vemos de manera indirecta, como en un espejo, y borrosamente; pero un día veremos cara a cara. Mi conocimiento es ahora imperfecto, pero un día conoceré a Dios como él me ha conocido siempre a mí. Tres cosas hay que son permanentes: la fe, la esperanza y el amor; pero la más importante de las tres es el amor.

 

1 Corintios 13.8-10, 12 (DHH)

 

No existe una verdad absoluta, cada quien tiene su versión sobre los hechos. Todos interpretan los acontecimientos de manera distinta, incluso aunque compartan un mismo suceso. No sólo me refiero a “mi verdad contra la tuya” en una discusión, ni siquiera a una postura como historiadora sobre el problema del concepto de verdad aplicado al pasado. Lo que yo intento plantear va mucho más allá de ello, estoy hablando de un estilo de vida.

            Vivimos en un mundo en donde todo es relativo. Ya no importa si decido vivir en unión libre o si soy lesbiana; o si soy lesbiana, decido vivir en unión libre y adoptar hijos. No importa si mis mejores amigos son homosexuales o si los principales temas de conversación son sobre sexo. No importa si los hombres y las mujeres se hablan entre ellos con palabras obscenas. No importa si a tus veintitantos años ya has tenido relaciones sexuales con más de diez personas. No importa que el matrimonio ya no tenga valor alguno; al contrario, tener un documento que avale el compromiso te hace mandilón, te convierte en una persona dependiente, y eso no está bien. No importa que abandones a tus hijos con una niñera durante los años más importantes de su desarrollo porque es más importante que tú te realices como mujer, cumpliendo tus sueños como una profesionista exitosa. No importa si pisoteas a tus compañeros de trabajo por alcanzar una posición de mayor prestigio.

Si en un acto de arrebato amoroso decidiste casarte y un par de años después te arrepentiste, no importa; puedes divorciarte sin problema. De hecho, podrías tener varios divorcios y no habría consecuencia alguna. No importa si un policía te detiene porque te cruzaste un semáforo en luz roja y tú lo sobornas para que te deje ir. No importa si como estudiante decides plagiar, copiar en un examen, o incluso pedirle la tarea al compañero de al lado. No importa si tu madre te dice que no hagas algo y tú igual lo haces. No importa si no das las gracias o si no dices por favor. No importa si se crean áreas especiales para fumadores o si se permite que los adolescentes consuman alcohol en bares clandestinos. No importa que cada año se abran miles de antros y casinos alrededor de todo el mundo. No importa que millones de jóvenes no tengan recuerdos de sus fines de semana por la cantidad de alcohol que ingirieron y tampoco importa que a la mañana siguiente tengan dolores de cabeza insoportables.

            No importa nada. Lo único que importa es sentirse bien. La meta final es ser feliz y la felicidad es relativa de acuerdo a quien la defina. Este mundo vive para satisfacer sus deseos. Estamos dentro de una cultura del placer y de lo efímero. El lema de esta década “YOLO” (You Only Live Once) se ha convertido muy popular entre los jóvenes. Si sólo tienes la posibilidad de vivir una vez y el tiempo vuela, ¿por qué no disfrutarla al máximo? Las consecuencias no importan.

            Entonces ¿por qué el índice de suicidios sigue aumentando? ¿Por qué los psicólogos son cada vez más populares e ir a terapia se ha convertido en una actividad similar a comprar la despensa cada semana? ¿Por qué si se supone que ya no hay absolutos y el fin último es la felicidad personal, la gente continúa tomando antidepresivos? ¿Por qué es necesario beber para divertirse? ¿Por qué ya no es importante el compromiso? ¿Por qué se supone que es mejor acostarte con un montón de personas en lugar de esperar al matrimonio? ¿Por qué lugares como “El club de los optimistas” o “Pare de sufrir” (que ahora tiene otro nombre que no recuerdo) son tan concurridos?

            Creo que al contrario de lo que la gente piensa, en realidad están desesperados. Su búsqueda incansable de pequeños placeres es para llenar un vacío. ¿Por qué la necesidad de probarlo todo? No es porque “YOLO”, es porque han intentado encontrar un destello de felicidad viviendo en unión libre y no funcionó; es porque lo han intentado con fiestas, con alcohol, con probar estar con personas del mismo sexo. Porque han buscado refugiarse en la intelectualidad y el supuesto conocimiento y todo ha resultado en lo mismo. Todo aquello termina en algún momento. De la misma manera que los llevó en un principio a sentirse extasiados, al final los deja con un vacío mayor del que ya tenían.

            Hoy todo es válido, todo es relativo. La moral depende de quien se esté hablando; si te hace sentir bien, ¿por qué tendría que estar mal? Tal vez para ti esté mal pero para el de al lado no, o viceversa. Cada persona se ha convertido en su propio estándar; en nuestros días se le llama ser de “mente abierta”. Yo me pregunto ¿abierta a qué? ¿A aceptar ser feliz de manera mediocre? ¿A no creer que hay algo más allá de los placeres efímeros? ¿A rechazar la idea de que en realidad sí podría existir algo que dure para siempre?  

            ¿Por qué es tan difícil aceptar la verdad absoluta, inmutable? Porque el ser humano se ha convertido en el centro de todo.  Y él falla, miente, roba, es egoísta. El ser humano lastima aun cuando no sea su intención. No se puede creer que exista una manera de vivir tranquilo a pesar de los problemas si todo lo que ves a tu alrededor está corrompido; si lo único que puedes hacer para sentirte mejor es buscar esos pequeños placeres fuera de este mundo en el que sólo te ves rodeado de la desgracia.

            A pesar de ello no creo que el escenario completo sea tan deprimente. Como dije anteriormente, estoy convencida de que la gente está desesperada y ya no sabe qué más hacer para llenar ese vacío. Si me escucharan decir esto pensarían que estoy loca porque ¿en qué mundo esto no sería deprimente? ¿Qué acaso no es ya bastante malo saber que el mundo está gritando por ayuda? No. Porque quiere decir que hay una salida. Existe una esperanza. Hay una puerta a la que se han rehusado entrar pero que es real. Es la verdad absoluta que la gente ha rechazado por estar centrados en sí mismos y en su mundo construido en donde todo es relativo.  

            ¿Qué pasaría si supieran que existe alguien perfecto? ¿Qué sería de la humanidad si estuviera dispuesta a creer que existe la posibilidad de encontrar la verdadera plenitud? ¿Qué estarían dispuestos a hacer por alcanzarla? ¿Qué pasaría si supieran que su existencia tiene un propósito? Ya no habría necesidad de más pastillas para dormir, para la ansiedad, para la depresión. Los psicólogos ya no serían tan solicitados. La gente estaría ocupada en cosas realmente importantes en lugar de pelear con su pareja por décima vez por cuestiones de dinero o cualquier otra situación. Los niños tendrían familias funcionales.

            La necesidad de buscar placer en uno y otro lugar, para mí, refleja una falta de dirección en la vida. Si no sabes que quieres entonces vas probando de un lugar a otro. Tal vez llegue un punto en el que te sientas muy cómodo en un lugar pero si te detienes a pensar si es realmente eso lo que te llena, sabrás que no. Vivir para satisfacer los placeres es egoísta y al final del día es agotador también. Tener un propósito le da sentido a la vida.

            Hay alguien que puede llenar ese vacío. La única persona que nos ha amado a pesar de todo y por sobre todo. Al buscar esos placeres efímeros en realidad viven esclavizados a ellos, están en una búsqueda constante de algo que los haga sentir mejor. Una experiencia nueva tras otra. Una tras otra. Sin mejores resultados.  Dios puede darnos una identidad y un propósito. Al contrario de lo que se podría llegar a pensar, vivir bajo las alas del Todopoderoso no es esclavizarte, es permitir que tu alma viva en libertad. Una libertad muy diferente a la que estamos acostumbrados a ver en este mundo. No sólo se trata de hacer justicia en los tribunales y en las cárceles. La libertad de la que hablo es una libertad del corazón. Comúnmente la gente piensa que buscar a Dios o, como ellos lo llaman “ser religioso”, es porque no hemos logrado ser independientes por nosotros mismos y necesitamos de algo o alguien que le dé dirección a nuestras  vidas.

            En mi opinión, hay dos aspectos erróneos en ello. El primero, que se le llame religión. El problema, creo yo, es que a lo largo de la historia hemos conocido un gran número de religiones que se levantan y mueven masas, prometen bienestar a la vida de las personas que se acercan a ellas y en muchas ocasiones terminan decepcionados por los líderes religiosos y sus acciones. El segundo aspecto es que la gente ve la necesidad de depender de Dios como una debilidad. Ahora bien, creo que tanto el primer como el segundo punto tienen una sola respuesta, que es la siguiente: no lo han experimentado. Intentaré explicarlo a continuación. Le llaman religión porque no comprenden que es una relación. Ven la dependencia a Dios como una debilidad porque no han vivido bajo la gracia.  

            Creo que la gente que hace de su vida lo que quiere sin medir consecuencias, sólo por sentirse bien, en el fondo sabe que quiere y necesita algo más. Saben que no todo es vivir para uno mismo. Lo creo y lo sé, no sólo porque lo he vivido sino porque hay un sello característico en cada ser humano que grita por la atención de su creador. Podemos o no creer en lo que dice la Biblia, pero la naturaleza y nosotros mismos somos obra de algo mucho más grande que una explosión que se dio hace millones de años.

            Hay una necesidad que en muchos casos permanece latente, pero que en momentos de dificultad personal o de desastres naturales, se hace presente. ¿Por qué a pesar de decir que no creen ni necesitan de Dios cuando hay una situación que está oprimiendo su corazón, acuden a Él? Me parece interesante (aunque no he viajado a países que rinden culto a otros dioses o figuras importantes como Buda o Shiva) que cuando un tsunami ataca las costas o un terremoto deshace la mitad de la ciudad, la gente clama a Dios. No claman por cualquier ser sobrenatural, quienquiera que sea y que se encuentre por ahí; hasta donde yo sé, es Dios a quien buscan. Es a Él a quien acuden con lágrimas y con el corazón deshecho cuando se han dado cuenta de que lo han perdido todo.  

            En el mundo en el que vivimos todo es relativo. Vivimos en medio del pecado que no sólo brinda destrucción y es el causante de guerras y ambiciones, también provee placeres efímeros. Por eso Satanás es conocido como el padre del engaño. Es tan seductor y sutil que envuelve sin que lo notes. Esa es la cara bonita de los placeres. Es tan simple como que es casi una regla que si te emborrachas al día siguiente vas a amanecer con un dolor de cabeza insoportable y quién sabe qué tantos “efectos secundarios” más.

            Es eso, la vida al estilo “YOLO” parece ser muy atractiva pero nadie te dice los efectos secundarios que ésta tiene hasta que estás envuelto en ella y te conviertes en esclavo de tus propios placeres. La buena noticia es que hay una salida. Hablo de la única verdad absoluta a la que podemos y deberíamos de aferrarnos; que puede liberarnos de todas las ataduras que tengamos. Esa verdad absoluta es Dios.