El vino y el mensaje de la botella (II)

EL VINO

El resultado, sin embargo, es reconfortante; que de atrás le viene al garbanzo el pico y bendita sea la rama que al tronco sale.
Muchos son los vinos de Jerez y cada uno los agrupa a su gusto y manera, Yo, por mi parte —que para algo soy Independiente— hago cuatro divisiones fundamentales: la manzanilla, el fino, el hecho y el -cream-.

La manzanilla es un vino pálido y aromático que deja un lejanísimo regustillo amargo en el paladar; el más marinero de los vinos de Jerez. El fino es de color pajizo, ligero, seco, de un aroma almendroso. El hecho (oloroso) es un vino con bouquet. tiene cuerpo, color tostado, sabe a uva madura. El • cream» es una sabia combinación entre un hecho y un dulce,
bien ensoierada; vino color guinda oscura y con cuerpo dentro de su suavidad.

Para definir de una forma más comprensible estos cuatro tipos de vino, yo diría que la manzanilla es como una ermita perdida en la marisma entre el olor de las hierbes silvestres;
que el fino es una abadía de amplios claustros en la que se realiza la vida comunitaria con rigidez, pero con alegría; que el hecho es una catedral en cuyas amplias bóvedas resuenan
los cantos gregorianos de panzudos canónigos; y que el «cream» es un convento churrigueresco en el que las monjitas están vistiendo las imágenes del •paso» para la procesión.

En el Kremlin, en Bucklngham Palace, en el Vaticano, en un bar de la Quinta Avenida, en un hotel de Tokio, en un club de Buenos Aires, en una taberna portuaria de Barbados, Trinidad
o Hong Kong, en un monoprix del Líbano, en una pastelería de Manila, en algún extraño establecimiento de Sidney o Ceylán...
en cualquier rincón de este redondo mundo, una botella de Jerez nos espera. Una botella con un mensaje que se escribió un día de septiembre en la Colegial de Jerez cuando brotó
el primer chorro de mosto entre voltear de campanas y revuelo de palomas.

Desde los más remotos tiempos, el vino ha sido uno de los factores más importantes del comercio internacional Quizás hemos querido los hombres del mundo vendernos unos a otros
hermosos sueños encerrados en barricas de roble.

Y el sueño que ha vendido Jerez, lo han comprendido en todos los idiomas.