Reseña | Las Sufragistas (Suffragette)

Más de 100 años después de las ventanas rotas y los buzones de correo explosionados, Las Sufragistas retoma la crudeza y sufrimiento que vivieron las mujeres inglesas a principios del siglo XX, guiado no sólo por una sociedad machista, sino también por el sistema judicial de aquella época.
 
La película narra la vida de Maud Watts, una esposa y madre promedio que trabaja en una lavandería. A lo largo de la cinta, Maud conoce a varias mujeres que pertenecen al movimiento sufragista en defensa de los derechos de la mujer y es invitada a participar en él. Es ahí, cuando Maud se ve envuelta en una serie de circunstancias que la llevan a unirse al movimiento y todo lo que eso implica: humillación pública, arrestos, golpes y muchos sacrificios. 
 
El primer acierto de la película es el enfoque inicial con el que se trata la historia del movimiento sufragista. Aquí, la guionista Abi Morgan, no se centra en las grandes líderes que lucharon por los derechos de la mujer, sino en aquellas personas "de a pie" que sufrieron -incluso más que el resto de las sufragistas- por el simple hecho de querer ser escuchadas; aquellas que iban a las calles a romper ventanas y que eran encarceladas en más de una ocasión por levantar la voz frente a los hombres.
Precisamente es por eso que el personaje de Meryl Streep, Emmeline Pankhurst (quien es líder de todo el movimiento) aparece unos escasos dos minutos durante toda la película. Así que si pensabas que Las Sufragistas era una clásica película de Meryl Streep, en realidad es todo lo contrario; la presencia de la actriz es meramente una estrategia para llamar la atención de la gente. Aunque no juzgo la decisión de habernos vendido la película con Meryl Streep; de otra forma, estoy seguro de que mucha gente se habría perdido de la excelente actuación de la verdadera protagonista, Carey Mulligan.
 
Lo más probable es que su actuación como Maud Watts no reciba alguna nominación importante en la próxima temporada de premiaciones (ojalá me equivoque), pero Carey Mulligan realiza una interpretación extraordinaria al mostrar la evolución de su personaje, de una trabajadora pasiva a una activista dispuesta a ir a la cárcel y, en la mayoría de las ocasiones, rescata el ritmo monótono de la cinta entregando escenas emocionalmente creíbles. De la misma forma, es necesario reconocer las actuaciones de sus co-protagonistas Helena Bonhan Carter, Ben Whishaw y Anne-Marie Duff.
 
El problema más grande aquí es la dirección y edición. Primero, el ritmo y montaje no sólo es lento (lo cual no tendría nada de malo), sino que además es monótono y contiene varias tomas, e incluso escenas, que no aportan mucho a la historia. En más de una ocasión veremos que los personajes caminan y hablan mucho, pero realmente no está sucediendo algo concreto. Esto provoca que la cinta, que tiene una duración de una hora con 46 minutos, se sienta como de dos horas y media y con bastante "paja" de por medio.
El otro problema de Las Sufragistas es su intento por ser tratada como un clásico más de la filmografía política inglesa, como El discurso del Rey o Elizabeth, sólo por tratar un tema de gran relevancia. La película dirigida por Sarah Gavron no arriesga en ningún sentido, ni mucho menos busca una forma diferente de contar esa tremenda historia. Está dirigida de una forma mediocre (en el más puro significado de la palabra: un trabajo mediano o regular en cuanto a su calidad, valor e interés) y en ocasiones desperdicia el gran talento actoral que tiene.
 
Desafortunadamente, esa misma mediocridad también incluye a la banda sonora. Parte de ese ritmo monótono que tiene la película, se debe a la música de la misma y en lugar de resaltar las emociones que se dan en el apartado visual, algunas ocasiones termina perjudicando a la escena. 
 
Con estos dos problemas que mencioné anteriormente no quiero decir que la película en general sea mala, sino que es una típica película de época con muchos de los clichés que vemos en las películas defensoras de los derechos humanos. Las Sufragistas se refugia en el poder de su propia temática y no va más allá de eso, carece completamente de una visión concreta. El resultado es una película buena, que retrata e informa sobre la situación de aquella época (e incluso la actual), pero nada memorable y que sobrevive principalmente gracias a una historia de interés cultural y social, y excelentes actuaciones.
70