En #Guerrero los curas ¿tienen cura?

Los curas, ¿sin cura en Guerrero?

PUBLICADO EN SDP NOTICIAS dom 27 ago 2017 22:39
Alexia Incómoda
 
 
 
Don Leopoldo González González es considerado un sacerdote moderado
Don Leopoldo González González es considerado un sacerdote moderado
Foto propiedad de: Internet

 

La mano del papado de Francisco llega a Guerrero y con ello, como sucede en la Ciudad de México con la salida de Norberto Rivera, vendrían cambios sustanciales sobre la forma de relacionarse de los prelados con los feligreses. Se trata del arribo del nuevo Arzobispo de Acapulco, Leopoldo González, “catalogado como un ángel”, según sus correligionarios, proveniente de la diócesis de Tapachula, Chiapas

El nuevo arzobispo ha sido profesor de Filosofía, Teología, Psicología y Patrología; prefecto de Disciplina, de Estudios y luego vicerrector y vicario del Seminario Mayor de Morelia. Durante seis años fue presidente de la Comisión por el Diálogo y el Ecumenismo de la Conferencia Episcopal Mexicana.

Don Leopoldo González González es considerado un sacerdote moderado, de trato sencillo pertenece al “Grupo Morelia” liderado por el cardenal Alberto Suárez Inda (muy cercano al Papa Francisco),  al que también pertenecen Carlos Aguiar Retes, obispo de la diócesis de Texcoco, candidato a arzobispo primado de la Ciudad de México, también se encuentra Carlos Garfias Merlos, actual obispo de Morelia.

En resumen, Leopoldo González es un personaje que comulga con la filosofía teológica de Jorge Mario Bergoglio que pugna por la cercanía a los sentimientos de los pobres. Sin duda, un movimiento eclesial interesante, toda vez que en Guerrero hay posiciones contrastantes porque sacerdotes han estado por mucho tiempo cercanos a los hombres de poder y riqueza.

 Peor aún, contra la nueva línea, en la coyuntura de la guerra por el control de las drogas en las siete regiones de la entidad, hay prelados que han tenido la ocurrencia de buscar un pacto con los grupos delictivos, confundiendo a los feligreses y el mensaje cristiano que deben proferir.

 Tal es el caso del aún obispo de Chilpancingo Salvador Rangel, cuya fama ocupó planas nacionales al defender la dudosa integridad de algunos políticos de pasadas administraciones estatales, por haber lanzado una convocatoria para “pactar la paz” con los narcotraficantes y porque recientemente sobajó a la población de la entidad donde tiene la responsabilidad de respetarla al calificarla  “de que son peleoneros, son peleoneros; son vengativos; que no se tienta el corazón para desaparecer a alguien, no se lo tientan”.

 En meses pasados, el prelado causó polémica al reconocer que él mismo y diversos prelados han sostenido varios encuentros con miembros de delincuencia organizada (como se observa en la fotografía, muy amigable con traficantes de amapola), “con la finalidad de buscar la paz”.

Rangel Mendoza, en una misa en la catedral de Santa Ma. De La Asunción, en el marco del Día Mundial de las Comunicaciones, volvió a insistir que “ en este momento un sacerdote sufre el acoso de la delincuencia, y que para que ya no sea molestado, necesariamente tiene que dialogar con los que lo están presionando”. Según el cura, “con esos encuentros que ha tenido con diferentes grupos de la delincuencia, por el momento se han logrado canales de diálogo. Incluso la iglesia católica logró desactivar un conflicto en la comunidad de Chontalcoatlán, del municipio de Tetipac, en la zona norte de la entidad, en donde llegó un grupo delictivo proveniente del Estado de México”, alardeó.

En la coyuntura de un obispo que “tiende puentes” (o los refuerza) con la delincuencia organizada, llega un arzobispo con mayor cercanía al Vaticano, en una Arquidiócesis, la de Acapulco, donde han tenido cabida doctrinas como la Teología de la Liberación y la Teología del Pueblo de Dios, esta, impulsada por el papa Francisco; muy distantes de la calificada como “teología de la opulencia” que enarbolaban otros prelados.

No será una tarea fácil, si tomamos en cuenta que dos obispados, tanto el de Acapulco como el de Chilpancingo, han sido considerados como de castigo porque como es tendencia nacional, la baja de feligreses impacta también la escasa de limosnas y aportaciones económicas para darle vitalidad a su labor espiritual; al menos ello mantuvo incómodo durante su arzobispado en Acapulco a Carlos Garfias Merlos, ahora, Obispo de Morelia.

La diócesis de Chilpancingo-Chilapa es difícil, sin duda, pues además de percibir menores aportaciones, quizá por el protagonismo, la politización y tratos “con el diablo” del cura Rangel Mendoza, enfrenta una grey católica poco activa, con escaso compromiso social y cada vez menos respetuosos hacia el obispo.

Mientras el Vaticano está en proceso de restructuración, el obispo Salvador Rangel está ganando tiempo, porque según ha dicho a sus cercanos, en cuatro años, cuando cumplirá 75 años (23 abril, 2021) tendrá derecho a jubilarse y así lo hará, sin aspirar a nada más.

Dos formas de trabajar desde la iglesia católica estarán por verse en Guerrero, donde las manos del demonio del narcotráfico tocan sus puertas.

 

alexiabarriossendero@gmail.com