Los diques del presidente @lopezobrador_ por @alexiaincomoda

Al momento de escribir esta columna faltan 116 días para la elección presidencial y aún no comienzan formalmente las campañas. Sin embargo, la cargada mediática, de actores políticos, de empresarios y la percepción social, prácticamente dan como un hecho que Andrés Manuel López Obrador será presidente de la República.

La estrategia seguida desde el día después de la elección del 2012, pasó de acusar fraude de “la mafia del poder” a contrapuntear a todo lo que hacía el gobierno de Peña Nieto, incluyendo acciones que él ha propuesto. Con un mandatario aislado y pésimamente asesorado, los funcionarios peñanietitas se volvieron los mejor aliados para el crecimiento de AMLO y la corrupción el motor que lo revitalizó y lo tiene hoy como el único capaz de saca provecho del hartazgo ciudadano contra los actuales gobernantes.

En aquel 2012, en mi columna “El candidato más repudiado” hice por primera vez la analogía entre el perfil de Andrés Manuel y el caso del ahora ex presidente peruano: “con el caso Ollanta Humala en Perú, quien era el candidato más repudiado en el Perú, vino de muy atrás y contra todos logró quitarle el triunfo a los candidatos de la derecha de ese país”.

 

En efecto, López Obrador como Humala se corrió lentamente a la derecha gracias a la astucia de un viejo representante de la élite económica, Alfonso Romo. ¿A qué costo este viraje? Allá en Perú, Ollanta Humala se convirtió del representante del neopopulismo al continuador de las políticas neoliberales que, para bien o para mal, sacaron a este país del crecimiento mediocre de administraciones anteriores; pero….

 En ese sentido, los peruanos que votaron por Ollanta Humala, lo hicieron porque creyeron en el cambio del modelo económico. Asimismo, por el cambio en la forma de hacer política y evitar el regreso de la mafia fujimontesinista. Hoy a 12 meses de gobierno: el fujimorismo cogobierna y el neoliberalismo se viene profundizado, acompañado de políticas gubernamentales encaminadas al engaño y la criminalización de la protesta social.

Ollanta Humala Tasso, ganó la primera vuelta electoral con el apoyo de ese 30% del electorado, los que buscaban un cambio radical de las injustas estructuras de la sociedad peruana, así como la defensa de los recursos naturales y la soberanía nacional. Luego en la segunda vuelta se alejó del sector popular y se alió con el ala liberal de la derecha, quienes son los que controlan el timón de la cartera de Economía y Finanzas, el Banco Central de Reserva y parte de los distintos ministerios, son personajes de la derecha capitalista, agentes de las transnacionales y funcionarios del FMI y el BM. Así resumió Paco Sifuentes, de la dirección nacional del MRTA, el primer año del ejercicio de gobierno de Humala en Perú. Aquí en México, en dos ocasiones, se ha dado a conocer que en materia de las reformas estructurales aprobadas en este sexenio, la enérgica, la educativa y de telecomunicaciones tendrían pequeños ajustes pero no se revertirían como muchos creen.

 El próximo presidente López Obrador estaría en la misma ruta del peruano, si nos atenemos a la forma en que viene operándose la incorporación de ex panistas, ex priistas y otros actores ligados a las élites del poder en México. Para muchos esta apertura de AMLO y Morena a los líderes, empresarios o políticos hasta hace poco integrantes de “la mafia del poder” pudiera parecer novedoso, sorpresivo y hasta alarmante; mas no es así. En su natal Tabasco desde 1988, cuando Graco Ramírez lo incorporara al Frente Democrático Nacional y posteriormente PRD, Andrés Manuel siguió una estrategia muy similar, más lenta pero al final igual de efectiva: cooptar cuadros de las élites del poder local, con quienes nunca tuvo afinidades políticas o ideológicas, para incorporarlos como cuadros del PRD tabasqueño; dividiendo al PRI y sacando provecho del descontento con los gobernadores priistas en turno.

César Mejía Ruiz, uno de los más agudos analistas de Tabasco, en su “Palmera Rebelde”, resumió así, en febrero de 2010, como todo el descontento priista fue capitalizado por AMLO y su PRD:

Durante la etapa conocida como el Madracismo, 1993-2006, hubo dispersión de grupos políticos anteriores, algunos de los cuales se nuclearon a una mínima expresión, como el caso de los Nemistas, los Conasupos otros como los Trujillistas se sumaron al grupo hankista de cepa pero no precisamente con los Gurriistas sino con los Madracistas. En fin. Para comenzando el siglo actual el Madracismo buscó expandirse llevando al PRI a una confrontación nacional y estatal, el desgaste devino en fractura y ya para entonces el Madracismo tenía sus grupos: los Gurriistas que son los hankistas-madracistas de cepa; Los Trujillistas de la que actualmente la diputada federal Georgina es la cabeza; los Andradistas que agrupó Manuel Andrade; y los propios Madracistas que responden directamente a Roberto Madrazo. Hay liderazgos que salieron del PRI y pasaron al PRD dejando fuertes vínculos en el tricolor, como es el caso de Humberto Mayans y Arturo Núñez.

El saldo de la izquierda electorera en Tabasco fue que los fundadores del PRD quedaron desplazados de las candidaturas principales y de las dirigencias estatal y municipales. Con el surgimiento de Morena, el que lleva la batuta, Adán Augusto López Hernández, es representante y síntesis fiel de ese movimiento. Arturo Núñez, el otro beneficiario, ganó la gubernatura hace seis años con un saldo negativo para el PRD por su desempeño mediocre.  

La agenda nacional está entonces circunscrita al cuestionamiento del sufragio de millones de mexicanos de uno y otro lado del espectro político, comenta el autor de “Palmera Rebelde”. Esto es, un eventual secuestro de la voluntad ciudadana por los actores de los partidos políticos. Es de suma relevancia entonces establecer el origen de cada actor político para fijar las coordenadas de su actuar, porque nadie cambia de un momento para otro. Quienes están ahorita en el vórtice de la disputa del poder son priistas de viejo o nuevo cuño, empero priistas al fin disfrazados bajo las siglas de Morena o de alguno de los partidos del Frente Por México.

De ahí que la expectativa ciudadana generada desde ahora por el próximo Presidente sea muy, muy alta y muy difícil de cumplir, porque, un reto inicial de su administración será con los adherentes y nuevos aliados, los cuales buscarán cotos de poder y se pelearán con más ahínco que los cuadros sociales que han venido trabajando territorialmente en cada pueblo, colonia, barrio, municipio o comunidad. Ese será el primer gran desafío de AMLO.

El segundo será controlar la ambición de quienes llegaron con él y que el único interés que los movió fue el económico, el de hacer negocios y tener manga ancha para aprovecharse de la nula experiencia de varios de los cuadros que querrán sumarse al nuevo gobierno. En este punto, López Obrador tendrá que ser más hábil que quienes han apostado por desterrar la corrupción del viejo régimen.

Robespierre, en su discurso sobre los principios de la moral política que deben guiar a la Convención Nacional en la administración interna de la República, sentenció que “si el principal instrumento del gobierno popular en tiempos de paz es la virtud, en momento de revolución deben ser a la vez la virtud y el terror: la virtud, sin la cual el terror es funesto; el terror, sin el cual la virtud es impotente.” Y con este discurso del puritanismo acabó lo mismo con traidores que con los héroes de la Revolución Francesa como Danton. La oferta de la renovación moral tiene que ser cuidadosa o bien explicada.  

El tercer reto que deberá enfrentar el presidente López Obrador –si no pasa nada extraordinario- será responder y actuar como un actor político moderno y abierto a la crítica, al cuestionamiento, al escrutinio público de sus opositores y de la que llama “prensa Fifí”.  Porque de algo debe estar seguro Andrés Manuel: su gobierno desde el primer minuto será el más vigilado, el más cuestionado, el más demandado, el más presionado y el más descalificado.

La prensa zalamera y militante pro AMLO y Morena, en este momento, carecen del sentido crítico y autocrítico, que en lugar de beneficiarle y ayudarle a ser un Estadista en el amplio sentido de la palabra lo equiparan más al sexenio de las adulaciones tipo Luis Echeverría. Algo debe hacerse y corregirse para que su gobierno no sólo sea abierto, transparente y tolerante.

Enrique Krauze, por ejemplo, ha tenido que sortear insultos y descalificaciones de esa mala prensa a su servicio. Hace poco con argumentos le espetó en su artículo sobre liberalismo de AMLO que “han pasado doce años, y como entonces siento el deber de reiterar mis discrepancias con él. Todas se concentran en una palabra: libertad. Creo que López Obrador no valora la libertad ni entiende, en absoluto, la naturaleza moral, política e histórica del liberalismo. Y creo que esa incomprensión entraña riesgos muy serios para la democracia mexicana”.

Por ejemplo, hubo más de un “intelectual” pro AMLO que asumiendo sus papeles de voceros no asignados o integrantes de la mesa de la Santa Inquisición negaron adulaciones a Fidel Castro o al Chavismo. Aquí al minuto 37:

Y el 8 de febrero del año pasado, León Krauze cuestionó a AMLO sobre Hugo Chávez y el caso de Nicolás Maduro, donde reconocía a Venezuela como la “democracia más vigilada” y como “democráticos” los métodos reeleccionistas de ambos personajes de este país. Este día, sin que nadie la preguntara, aludió a la tentación releecionista negándose a decir que no la buscará. ¿Curarse en salud?

Es momento de que Andrés Manuel envié señales claras de que no tendrá en su “Constitución Moral” ningún Torquemada, porque en este momento como líder opositor los troles y defensores no pasan de exabruptos, pero mañana con el Poder Presidencial (así como mayúsculas), las consecuencias pueden ser críticas para la libertad de expresión. 

Hasta aquí las reflexiones previas al arranque de la campaña formal. Puedo estar en un error y ojalá me equivoque y el de López Obrador sea realmente el régimen real de la transición democrática de México.

 

alexiabarriossendero@gmail.com