@RicardoAnayaC unión y declinación; esa es la cuestión

@RicardoAnayaC tiene la palabra: unión o declinación

ALEXIA BARRIOS G.@alexiabarriosglun 09 abr 2018 15:01
 
  
 
Hasta ahora es el candidato cuya candidatura está mejor construida, en ascenseo
 
Hasta ahora es el candidato cuya candidatura está mejor construida, en ascenseo
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“En la boleta electoral presidencial hay tres panistas y un priísta”, resumió en un tuit Pascal Beltrán del Río, @beltrandelrio el pasado 4 de abril. Irónico, ácido y conciso mensaje político del que pocos hicieron acuse de recibo, pero que en el fondo está siendo el último llamado para que tres de los actuales candidatos presidenciales que abanderan casi mismo proyecto pongan sus barbas a remojar si es que quieren ser competitivos frente al cuasi imbatible Andrés Manuel López Obrador.

Las encuestas recientes, aún con sus errores y fallas metodológicos, coinciden en marcar una distancia bastante cómoda para AMLO frente a su cercano competidor: Ricardo Anaya. Difícil creer que la candidatura de José Antonio Meade o Margarita Zavala vayan a repuntar con lo poco que han hecho.

El abanderado de los priista no atina a asumir que el candidato es él y no sus asesores impuestos desde Los Pinos o la Cancillería. No se la ha creído y por lo tanto, tal parece que no quiere ganar. La loza pesada de la corrupción del PRI, la lenta capacidad de reacción del gobierno de la República a los embates opositores, la intervención de Trump –que opera en su contra- y la nula comprensión de la arena pública del 2018 son algunos de los factores que tienen a Meade en el tercer lugar, a expensas de que lo que quede del voto duro tricolor le impida una caída mayor. Pero puede despertar y sacudirse del letargo, aún a estas alturas de la campaña, la duda es si quiere hacerlo.

Margarita Zavala, por su parte, bajo la careta de “candidata independiente, en realidad busca la reividicación del sexenio de su esposo, Felipe Calderón. No busca un triunfo, sino demostrarle a los detractores del calderonismo que hay mexicanos que siguen apoyándolo y creyendo que hizo lo correcto en la elección de 2006, con la política económica aplicada y, sobre todo, la política de seguridad, al que le achacan la responsabilidad de miles de muertos, desaparecidos y haber roto la pax narca del viejo régimen con los capos de la droga. Como ocurre con la familia Fujimori en el Perú, con Zavala y Calderón pasa igual: vamos a competir para evitar que el juicio histórico nos haga impresentables en el país. Ella y el ex presidente saben que no van a ganar, ni tampoco pretenden hacerlo; pero su candidatura genera ruido y jala algunos votos que pueden pesar a favor de quien decline. El tiempo corre y la historia puede colocarla como útil para AMLO o para el PRI, depende cómo quiera ser juzgada.

Ricardo Anaya ha estado muy bien apoyado, bien asesorado y con una articulación de acciones políticas y mediáticas pocas veces vista en un proceso electoral presidencial. El trabajo parecía de filigrana: organizaciones como Mexicanos contra la Corrupción, por citar a la más visible, se encargó de recabar fondos entre el empresariado para el pago de una red de periodistas y blogs informativos de prestigio, además de su alianza con el diario REFORMA y varios noticieros de RADIO FÓRMULA –de José Cárdenas, el principal-, que mantuvieran al gobierno de Enrique Peña Nieto y del PRI contra las cuerdas, logrando un impacto internacional que todavía se mantiene. Más aún, los gobernadores panistas han estado operando a su favor de manera coordinada: Veracruz, Tamaulipas, Chihuahua, Durango, Nayarit y Quintana Roo. Desde 2017 y con fuerza el arranque de 2018, los golpes contra ex mandatarios del PRI tuvieron en el ambiente mediático y político acciones de mayor riesgo que las declaraciones o amenazas de López Obrador. El candidato Anaya no necesitó de grandes mítines ni declaraciones rimbombantes, era sus aliados los que tenían en vilo al aparato de gobierno priista.

Luego vinieron los embates contra Anaya, las filtraciones de “retírate como el jefe Diego en el 94” o podrías ir a la cárcel aquí o donde te agarren. Un intento de victimización que no fructificó y que plumas afines a su causa quisieron equipararlo al desafuero de AMLO se desgañitaron en vano. Ahora, si bien los embates de la federación han cesado, Ricardo sabe que no es definitivo y en su contra están los hechos, el pasado y el futuro.

Hasta ahora es el candidato cuya candidatura está mejor construida, en ascenso pero, por sí mismo, sin la fuerza para alcanzar al tabasqueño, que sería lo de menos; el punto crítico del panista son las sombras del origen de su riqueza, las transacciones millonarias e inexplicables y una red de amigos poco presentables. Mientras no sea capaz de articular respuestas contundentes que aclaren peso por peso sus recursos y apoyos, pasarán encima de él los demás candidatos.

Su punto de salvación –por llamarlo de algún modo— sería articular un frente anti López Obrador, de carácter extraordinario, arriesgado y de amplia convocatoria para que cuando menos, por quien decline, esté empatando la elección presidencial y, gane o pierda, no dejarle un poder sin contrapesos a “ya saben quién”.

El tiempo está corriendo y es corto.