La #BodaFifí y el principio del fin de la luna de miel

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN SDP NOTICIAS

La luna de miel de la esperanza fincada por Andrés Manuel López Obrador con sus votantes, no comenzó a bombardearse la noche de bodas sino mucho antes, cuando se armó la lista de invitados
 
La luna de miel de la esperanza fincada por Andrés Manuel López Obrador con sus votantes, no comenzó a bombardearse la noche de bodas sino mucho antes, cuando se armó la lista de invitados
Foto propiedad de: Internet
 

 

El filósofo Pedro Laín, quizá uno de los más adentrados en la antropología de los sentimientos, consideró que en un ambiente de crisis, es la esperanza la más fructífera forma de mantener viva la ilusión de las personas de que algo bueno vendrá.  El creer, el esperar y al amar, son las tres vías, según Laín, para la apropiación íntima de la realidad. Bajo este precepto ha trabajado el discurso y actuación política de Andrés Manuel López Obrador desde su primera incursión en la candidatura presidencial de 2006; no fue gratuito que su lema de gobierno en el otrora Distrito Federal haya sido “La Ciudad de la Esperanza”.

Ernesto Sábato, uno de los más profundos escritores argentinos y encargado de la Comisión para la Desaparición de Personas en la dictadura de su país, en su obra Sobre Héroes y Tumbas expuso que “en la vida es más importante la ilusión, la imaginación, el deseo, la esperanza”. ¿Pero qué pasa cuando esa esperanza se rompe y se vuelve desesperanza? Porque tal vez el grupo cercano y fracturado de Andrés Manuel no lo han percibido ni evaluado pero la ilusión de una clase política diferente fue la que en gran medida los hizo ganar; sí fue el hartazgo, la corrupción y la inseguridad, sin embargo, la frivolidad, el desdén y el distanciamiento entre sociedad y clase gobernante los terminó aniquilando. 

Pero apenas arrancado el triunfo, el equipo de AMLO y los dirigentes de Morena comenzaron a hacer cuentas alegres, a lanzarse golpes bajos, a anticiparse a los hechos y a ponerse el pie una y otra vez, entrando en un círculo vicioso de contradicciones que ya han costado bajas como la de Tatiana Clouthier, de Margo Glanz, de Héctor Vasconcelos y quizá vengan otras más en el corto plazo y muchas más una vez que arranquen el 1 de diciembre. Falta aún saber si, por ejemplo, Rocío Nahle tendrá la estatura para meter en cintura a un peso pesado como Manuel Bartlett o a un grillote como Octavio Romero Oropeza; las mismas dudas giran alrededor de Luisa Alcalde, tan ausente en estos días. No sabemos si el NAIM será la tumba de Javier Jiménez Espriú, quien un día sí y otro también se contradice sobre el método de análisis y decisión para el aeropuerto. Otro que representa incógnitas que reflejan inexperiencia e improvisación en la mayor oferta de campaña es Alfonso Durazo sobre los ejes rectores de la nueva política de seguridad. Más aún, a diferencia de César Yáñez, el ex trotskista y ex guillotino Jesús Ramírez Cuevas tiene mucho protagonismo político y mediático pero hay una ausencia total de política de comunicación y protocolos de actuación pública para los próximos funcionarios, incluyendo al nuevo titular del Ejecutivo federal.  

El 18 de julio, aquí en SDP Noticias, Federico Arreola le escribió a López Obrador que “la luna de miel se acaba”, y recomendaba (paradojas del destino) que diera mayores facultades a César Yáñez y controlara al equipo del próximo gobierno: “Ahí está la solución, Andrés Manuel: secuestra y sobre todo amordaza a tu gabinete. Ya no deben tus colaboradores hablar más: son pésimos al hacerlo. Explícales que, dicen los refranes, ‘a buen callar llaman, Sancho’ y, por supuesto, que “en boca cerrada no entran moscas”. No le hicieron acaso.

Más aún, cuestión de echarle el ojo a las cámaras de Diputados y Senadores, que se ha vuelto campo de batalla de cuatro grupos preponderantes de Morena (las nuevas tribus), los cuales aunque lo nieguen, piensan en el 2021 y el 2024: Martí Batres contra Ricardo Monreal; Mario Delgado (léase Marcelo Ebrard) contra los Bejaranos; los Bejaranos contra Batres; los excluidos del PT y PES esperando cachar algo de esa carnicería y a esperar más espectáculos de algunos de estos legisladores.

A nivel de gubernaturas, que quizá no trascienden mucho, pero las cosas no marchan bien en Morelos, donde ya Morena fue excluido del gobierno de Cuauhtémoc Blanco; en Tabasco Adán Augusto tampoco sabe qué hacer con las malas y oportunistas compañías al igual que su cuñado el gobernador electo de Chiapas Rutilio Escandón; en Veracruz las cosas no cuadran para un inexperto Cuitláhuac García, quien anda más metido en la grilla poblana que en atender la crisis de su estado y las críticas por integrar a juniors a su gabinete.

Leo en los portales de internet que Alberto Fujimori, uno de los presidentes del Perú que generaron mayores esperanzas de cambio en su país, convaleciente, reprobado por la historia, repudiado en amplios círculos, pide clemencia y que no lo condenen a muerte. Triste final de quien gozó.

Fujimori, quien ganara la presidencia del Perú en 1990, fincado en un movimiento Cambio 90, de carácter antisistémico y que llevó como bandera la lucha contra la corrupción de los partidos tradicionales, en especial de Alan García de la APRA, gozó de la luna de miel con la sociedad de este país (con una campaña callejera para saludar a las masas, gozando de las simpatías totales), hasta que el 5 de abril de 1992, vino el autogolpe de Estado, bajo el pretexto tener el dominio del Congreso y modificar la Constitución de 1993 que incorpora la disolución del Congreso y la reelección indefinida del presidente. La mayoría fujimorista del Congreso Constituyente Democrático fue cómplice de una dictadura que llegó por la vía de los votos a tratar de perpetuarse, de reprimir a movimientos sociales, de acabar con las guerrillas, de robar a manos llenas y de tratar de engañar a la población colocándose como los entes puros moralmente y salvadores de la patria.

La esperanza construida por el fujimorismo terminó de muy mala manera para el ex presidente y para los peruanos.

“Lo primero que debe afirmarse acerca de la esperanza es la hondura y la universalidad de su implantación en el corazón del hombre”, dice Pedro Laín; es decir, el que espera y ama finca la esperanza. Ese ser esperanzado es el votante de AMLO y de Morena.

Sin embargo, el amor se transformará en desilusión, en desesperanza y esa falta de conexión entre quien ganó la confianza ahora se percibe que te está traicionando. Es ahí cuando las relaciones interpersonales fracasan y los matrimonios y lunas de miel de felicidad compartida, termina o en relaciones autodestructivas o en divorcios en muy malos términos.

Peor aún, si una de las partes vive usando el engaño como método de salvación de las relaciones, el desenlace puede ser fatal. Así en la vida humana, así en esa forma tan poco efectiva para responderle a los opositores del NAIM en Texcoco, a los disidentes del magisterio (que los radicales de la CNTE ya huelen), a los empresarios que apoyaron pensando en modificaciones a las reformas energética, de telecomunicaciones y hacendaria a su conveniencia.

La luna de miel de la esperanza fincada por Andrés Manuel López Obrador con sus votantes, no comenzó a bombardearse la noche de bodas sino mucho antes, cuando se armó la lista de invitados. El tema de la boda de César Yáñez ganada a pulso como #BodaFifí es la última llamada de atención para que tengan su primer gabinete de crisis, administren la contención de daños, armen sus protocolos de actuación pública, diseñen y se disciplinen en una comunicación política efectiva y hagan un análisis psicológico institucional y abrir más frentes ni comprar todas las calenturas ajenas y cuentas del pasado, o sea, entender que son el nuevo bloque de poder no los activistas de oposición a todo.

 

alexiabarriossendero@gmail.com