Los ríos de tinta que riegan ningún jardín

Claro que su invitación tiene asegunes, pero el corazón del argumento es que allá fuera las portadas de nuestros medios no nos ofrecen, casi siempre, nada más que sus intereses materializados.

Me topo con sendas columnas, notas, encabezados, chismes, especulaciones y adivinaciones en la prensa de estos días. No versan sobre los efectos noscivos de un dólar tan caro, la constante criminalidad al alza en el Distrito Federal o los pendientes con los que arranca la nueva legislación federal en San Lázaro, por decir pocos. Versan sobre los presidenciables para 2018.

¡Gulp!

Ríos y ríos de tinta que no riegan ningún jardín ni enriquecen ningún debate de los muchos que se deben de tener en un país tan atribulado como el nuestro.

Es difícil cubrir la cuota de la nota y la columna diaria. Los abrevaderos de la coyuntura se secan rápido cuando se es incapaz de plantear una agenda propia de medio, y esto se agrava cuando los contenidos editoriales y de opinión en los medios de comunicación mexicana son poco afectos a la investigación y la revelación sustentada. 

Y esto tiene un costo alto para el desarrollo de nuestra enclenque democracia. La opinión publicada se centra en un suceso que está a 3 años de distancia, cuando el aquí y el ahora necesita de las mayores baterías apuntadas para exigir y colaborar en un futuro mejor del que se nos ha impuesto.

Como persona de medios vivo en la tremenda contradicción de huír de ellos, con sus informaciones escritas para el poder político, la repetición de los mismos escándalos que no llevan a nada y la mitificación del político como centro de la vida pública. 

Diego Fonseca, un conocido periodista argentino –tan conocido como podemos ser los periodistas en nuestro diminuto mundillo– me dio alguna vez uno de los mejores consejos que alguien me pudo dar: "si vos quiere aprender a escribir bien olvídese de toda la mierda que hay en los periódicos. Si se quieren informar háganlo en Twitter".

Claro que su invitación tiene asegunes, pero el corazón del argumento es que allá fuera las portadas de nuestros medios no nos ofrecen, casi siempre, nada más que sus intereses materializados. 

El tercer informe de gobierno de la administración del presidente Peña apenas ha visto la luz y desde los medios ya se han establecido complicadas ecuaciones políticas de quién lo va a suceder.

El futurismo político ejercido desde la opinocracia no hace más que desviar la atención de las historias no contadas que subyacen en el mar de información publicada; colaboran con sus adivinaciones a la estática en el televisor de la rendición de cuentas mexicano.

Cabeza en descanso

Me sorprende encontrarme sinceramente preocupado con la devastación cultural en Siria a manos del Estado Islámico, en donde se decide impúnemnte dinamitar el patrimonio de la humanidad como sitios arqueológicos y museos que guardan la riqueza de civilizaciones como la siria o romana. 

Y, aunque forzadas, encuentra uno similitudes desde el otro lado del charco.

¿Si hombres y mujeres deciden desaparecer el pasado y el ahora con sus intereses propios como única validación, cómo se pretende corregir y enderezar el futuro?

 

A FONDO: REPORTAJE DE EL PAÍS, Un ‘ejército’ de 2.500 funcionarios defiende el patrimonio cultural sirio