Nuestros legisladores; faroles en la calle...

El mismo partido en el gobierno que señaló el acceso la pertinencia del Internet como derecho de todo mexicano es el mismo que pretende cortarle los brazos

 

Para bien, el debate público de esta semana giró en torno a pasos vitales en la consolidación de una mayor pluralidad en la vida democrática en México: la validación del uso lúdico de la marihuana por la SCJN y el fracaso parcial de la Ley Fayad.

El primer caso dará mucho de qué hablar sobre la jurisprudencia que establece respecto a los usos y alcances de la marihuana en México. Sobre éste, plumas más instruidas escribirán.

Permítanme centrarme en el segundo; en una Ley que, aunque congelada, muestra el pedigree de nuestro Poder Legislativo.

A grandes rasgos, la Ley Fayad criminalizaba a grandes porciones del uso cotidiano del Internet y equipos de cómputo, mientras otorgaba al Estado capacidad discrecional de espionaje, monitoreo y censura de los flujos de información.

Invadida de una redacción imprecisa, ambigua, autoritaria y francamente chafa, la propuesta del senador priista, Omar Fayad, fue retirada para "una consulta amplia que involucre a exper..." bla, bla, bla.

Un enterado de la difusión de información mediante herramientas digitales no hace mucho me platicó con ironía que el portal electrónico de la Cámara de Diputados está diseñado para, entre un mar de información, dificultar el acceso ciudadano a informaciones vitales sobre el gasto público.

Poco amable, saturada de información (54 posibles links sólo en la página de inicio, sin contar submenús), infranqueable, complicada y fea hasta el abuso, la página de internet de la Cámara de Diputados fracasa rotundamente en ser el principal enlace entre ciudadanía con sus representantes.

El desinterés es claro. El experto me comentaba entre risas y frustración que la tecnología usada en dicho espacio para el almacenaje y publicación de información data de 1995. El extraer una sencilla tabla con programas de trabajo de las Comisiones requiere entrenamiento y paciencia.

El portal de la Cámara de Senadores no es muy distinta.

No sólo es un problema de formato, sino de actualización y disponibilidad de información. Trate usted de encontrar los reportes que los gobiernos de los estados están obligados, por Ley, a entregar a la Cámara Baja sobre el estado de sus deudas.

Una tortura gratuita, un escupitajo en el ojo de la ciudadanía.

La contradicción ofende, enfurece y preocupa: aquellos que tienen su casa en la más negra de las penumbras quieren bajar aún más el switch.

El mismo partido en el gobierno que señaló el acceso la pertinencia del Internet como derecho de todo mexicano es el mismo que pretende cortarle los brazos, incluso a un nivel mayor de lo que trató en su momento en PAN de mano de Federico Döring, también bateado por una combativa sociedad civil, hace un par de años.

El uso libre del Internet ha probado ser una herramienta esencial para el acceso a la información, la rendición de cuentas y finalmente la incidencia en la política pública. No sin dolor.

Específicamente el sistema electrónico de transparencia gubernamental ha sido de las máximas ventanas por las cuales el ciudadano común se ha asomado a los intestinos del poder público y el ejercicio del gasto. Ha sentado el precedente de que cualquier persona armada con una computadora puede desnudar la maquinaria de un gobierno que por definición tiende a la oscuridad y secrecía en su actuar.

El poder masificador y de inmediatez que brinda el Internet sobre los archivos en poder del Estado o de difícil acceso ha sido el gran orquestador de golpes certeros al statu quo político en el país; léase la Casa Blanca del presidente Peña, la difusión de la investigación completa de la PGR sobre el caso Iguala o la matanza de Tlatlaya.

Las herramientas digitales de acceso y difusión debla información, y el PODER que imprimen a los usuarios, ya probaron su capacidad de hacer tambalear a la bien aceitada mas no infalible estructura política de partidos y gobiernos.

Y no hay nada más peligroso que un legislador con miedo.

Cabeza en descanso

Esta semana en Milenio DataLab revelamos que una de las principales bajas del Sueño Americano al cruzar el Rio Bravo es la salud de los migrantes. 

Al no recurrir a servicios médicos por miedo a ser deportados, nuestros paisanos tienen el doble de posibilidades de padecer manifestaciones como obesidad, diabetes, depresión o alguna adicción que si se hubieran quedado en sus poblaciones natales.

Según cierto candidato republicano, estas personas deberán pagar por un nuevo megamuro divisorio entre Estados Unidos y México.

Así las cosas.

 

Esta entrada fue originalmente publicada en piedenota.wordpress.com