Otra virgen a la Coatlicue o Cómo Andrea Legarreta defendió el peso mexicano

Quizá el presidente y su camarilla estén acostumbrados a ser memeizados en la plaza pública, pero que no arrojen al ruedo a sus empleados.

 

Sería gracioso, si no fuera tan lamentable, la estrecha relación que guardan los medios mexicanos con los altares prehispánicos.

Hace poco, otra "virgen", (por darle un nombre, por seguir con la metáfora) fue sacrificada en nombre de la Coatlicue gubernamental.

Acudo rápidamente a Wikipedia para ilustrarme. "Coatlicue", dícese de aquella deidad azteca, madre de los dioses, patrona de la vida y de la muerte, guía del renacimiento. Se le representaba, generalmente, con una falda de serpientes, y más importante, un collar de manos y corazones humanos que fueron arrancados de las víctimas de sus sacrificios. Cierro cita de la famosa web.

Pues bien, la semana pasada acudimos todos al templo mayor de nuestra mediocracia para ver cómo Andrea Legarreta era sacrificada.

Persona bien conocida por sus intervenciones en programas mañaneros de Televisa, la conductora defendió vehemente la postura oficialista en torno a la coyuntura internacional de la apreciación del dólar frente al peso.

Como obsidianas sobre su atribulado corazón, los memes y críticas la partieron en dos, dejándola desangrar en la arena de la plaza pública.

Le pido, amable lector, un poco de paciencia para destazar, digo, desmenuzar este caso de linchamiento mediático e intervención gubernamental en la línea editorial de un programa de audiencia masiva.

La desdichada virgen dijo esto en el programa Hoy:  "Lo que pasa con la economía mundial tiene que ver con la economía china. Aunque este país está tan lejos pues sí nos afecta y afecta a todo el mundo. China es una país que ha crecido mucho en los últimos años, lo sabemos, pero es un país que se ha desacelerado. Pues esto genera nerviosismo en todo el mundo".

(Pues hasta ahí va bien)

Raúl Araiza, copresentador bien conocido por ser la cara de la campaña del Partido Verde hace unos años en favor de la pena de muerte, remata: "Uno de los efectos es que hoy el dólar cuesta un poco más que antes y eso nos genera muchas inquietudes".

(No fue "un poquito más", sino hasta 20%, pero bueno)

Y le contesta Legarreta: "Claro, pero no porque sube el dólar sube el precio de todo lo que las familias consumimos. ¿Quieren saber por qué? Nuestra economía vende productos a todo el mundo y entonces se vuelve más competitiva. Entonces vende más barato a todo el mundo y genera más empleos".

(Simplón y salamero, pero cierto. Ajá...)

Araiza continúa: "Lo que pasa con el dólar no tendrá efectos negativos en su economía. A ver, si tú estás comprando puras cosas importadas pues es obvio que te afecta el dólar”.

(O sea, lástima de los pobres diablos importadores mexicanos, los demás ya la hicieron)

Para abreviar: Legarreta y Araiza luego hacen un comentario sobre la baja inflación y literal dicen que el aumento del dólar no afecta la economía familiar e invitan a reportar abusos.

El escándalo no radica en que una presentadora sin especialización en temas económicos "opinara" sobre la depreciación del peso frente al dólar; sino la bochornosa y descarada intervención gubernamental en los contenidos de la principal televisora mexicana.

Todos los contenidos emanados por los presentadores de un producto televisivo como el de Hoy son aprobados por la producción del programa y no son ocurrencia.

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Hasta el momento no han sido públicos los contratos que demuestren si el gobierno mexicano destinó recursos públicos para el pago de dicho anuncio, porque eso fue. Así que ya sea por negocio o por intereses particulares de algún ejecutivo de Televisa, se entretejió una editorial enmascarada de charla casual entre estrellas de televisión y se le sirvió de sopetón a los millones de televidentes mañaneros.

No es la primera vez que el gobierno pone a alguien enfrente para responder a las preguntas incómodas que él no quiere responder, es torpe para hacerlo o para lavarle la cara: lo hizo con la primera dama en el caso de la Casa Blanca, también lo hizo con Virgilio Andrade.

La Coatlicue gubernamental goza de sacrificar a otros antes que entregar cuentas claras, lo hace a través de algunas plumas de los diarios de circulación nacional y las pantallas de la televisión.

Así son la diosa, la daga y el altar.

Desde hace un tiempo la estrategia de comunicación social del gobierno federal tiene un serio problema. En términos generales es huidiza, cobarde, y francamente intrascendente.

NOTA IMPORTANTE: La coyuntura internacional sí es la responsable de la depreciación del peso y la administración de Enrique Peña Nieto puede hacer poco. En este problema en particular el gobierno mexicano, lo digo en serio, tiene argumentos válidos para exteriorizar las culpas. Al mismo tiempo, México goza de una posición privilegiada en cuanto a los deslizamientos del dólar en los mercados monetarios latinoamericanos.

Y si no me cree a mí, gente muy seria y capaz como Fausto Hernandez Trillo, economista del CIDE, ya lo han explicado.

Pero en lugar de apelar a un discurso claro, didáctico y directo, digerible para el gran público de voz del mismo presidente de México en cadena nacional se opta por meter mensajes, casi de manera subliminal, tramposamente en un programa de contenidos ligeros.

Como dice mi querido amigo y afilado analista Axel Velázquez Yánez, el gobierno federal es adicto al bullying. Y es que, si no hay pecado no hay que tratarnos como rateros, maldita sea.

Quizá el presidente y su camarilla estén acostumbrados a ser memeizados en la plaza pública, pero que no arrojen al ruedo a sus empleados. Lo digo en serio.

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Cabeza en descanso 

Sorprende el gran desconocimiento de cómo funciona la economía global en el grueso de la población mexicana. Y sorprende aún más que esta carencia sea replicada por periodistas.

Desde reporteros de información generalista a columnistas famosos los mismos errores se están cometiendo cruzando conceptos, mal entendiendo explicaciones y aportando conclusiones deficientes y tendenciosas.

El periodismo económico en México ha (hemos) fallado en la labor de evangelizar al público para la toma de decisiones diaria en temas económicos.

 

Esta entrada fue originalmente publicada en Pie de Nota.