Especialización mata adaptación.

Resumir el valor de las personas por un título, se ha convertido en el clímax de la historia que enseña a saber cada vez más, de cada vez menos.

Ustedes tienen la necesidad o el gusto por concretar un objetivo, ya sea declarártele a la persona que te gusta u obtener ese ascenso por el que has luchado, así como Imperator Furiosa buscaba The Green Place. Algunos tienen sueños sobre terminar sus estudios universitarios, obtener mayores vistas en Youtube o conseguir el trabajo de sus sueños; son unos expertos en sus actividades diarias. Sin embargo, los reto a responder sin titubear, las siguientes preguntas: ¿cómo se hace la regla de tres? ¿No han olvidado esa canción que tarareaban hace 4 años a diario? ¿Qué aprendieron de su expareja hace 4 años?

Vivimos en una era moderna, rodeados de gadgets tecnológicos que facilitan nuestra vida, así como Los Millenials, quienes aceptan trabajos bien pagados, sí y sólo sí, son felices donde los contraten. El avance en derechos humanos y el “capitalismo rapaz”, nos ha proporcionado una diversidad de productos, en los cuales podemos respaldarnos para alcanzar nuestras metas. Oferta válida para quien quiera especializarse.

Diariamente escuchamos comentarios refiriéndose a personas específicas, para tareas específicas, por ejemplo: 1) “hay que buscar a Don Pedro, el plomero, para reparar la tubería”, 2) “la señora de las tortas de chilaquiles no está, me urge curarme esta resaca” y, 3) “debo ir con el Dr. Ramírez a que me atienda esta infección tan verraca que me aqueja”. ¿Se imaginan que no tuvieran a quién recurrir en cada uno de esos casos? También se me complicó.

Como bien decía Adam Smith, la división del trabajo aumenta la habilidad y destreza de los trabajadores (y aplica para cualquier aspecto en la vida). Al igual que la anécdota de Yo, el Lápiz, de Leonard Read, nadie puede saberlo todo sobre alguna cosa en específico, spoiler: es cierto. Además, actualmente se encuentra estigmatizado, incluso castigado, no desarrollarse como experto en algún campo de trabajo.

Imaginemos a un “El chico de las copias”, será reconocido como el chico de las copias, valga la redundancia, pero reconocido y apreciado por esa labor. La importancia de ser trabajador, humano y parte de esta gran cadena de esfuerzos, llamado mundo, se refleja en la velocidad con que terminan sus deberes. En el caso de este chico, gracias a la eficiencia y fluidez con que maneja ese aparato de tóner, tinta y luces que brillan cada segundo, lo catalogamos como alguien valioso en nuestra vida.

Esta vida nos enseña que la especialización diaria, nos hace exitosos a la vista de los demás. Recuerdo con agrado, las palabras de mi mejor mentor (no le digan cómo ha influido en mí): “Si vas a ser barrendero, sé el mejor de ellos”. Una frase con tintes despectivos, con base en la percepción occidental sobre los oficios; clave para entender el punto del escrito. No importa a qué te dediques, aplícate en ello.

¿Qué sucede a esas personas, con vocación de “todólogos”? Esos ciudadanos, las cuales su especialidad es no especializarse, esos llaneros solitarios del capitalismo, son quienes se adaptan a cualquier situación, pero carecen de reconocimiento y oportunidades; visto desde la actual y madura división del trabajo. La vida como profesionistas no es diferente, el médico cura a la gente, el abogado evita a una persona el ingreso a la cárcel, así como el contador realiza registros fiscales y realiza la numeralia de alguna empresa.

Resumir el valor de las personas por un título, se ha convertido en el clímax de la historia que enseña a saber cada vez más, de cada vez menos. El médico a menudo puede ser economista, cuando observa tendencias y comportamientos del mercado, tiene la finalidad de entender sus finanzas personales, así vislumbra el número de pacientes y trabajo que tendrá los días venideros. El abogado, ejerce como filósofo, decide si es correcto defender a una persona culpable, o en su defecto, si el dinero es más importante para sus objetivos personales. El contador, como investigador, obtiene información sobre el acontecer nacional, sobre leyes y efectos que puedan afectarlo, incluso en su vida diaria (una Reforma Nacional, vaya).

Estas características, comúnmente ignoradas, sin valor económico, son el verdadero valor agregado, de la preparación que alguna persona le proporciona a la sociedad. Usted, joven lector, la falta de distinción no le llevará a nada. Debe especializarse, sea un crítico, político, cocinero, líder emprendedor o un otaku con fascinación de mundos ficticios.

Créame, usted necesita adquirir las habilidades que le ayuden a ser un experto, no sólo adaptarse a la coyuntura. Si no desarrolla alguna característica particular, estará como el autor de estas letras, un economista, que debería estar hablando de la depreciación del peso, el 3er Informe de Gobierno o el cambio de las reglas en el Mercado Eléctrico. No obstante, está escribiendo reflexiones de su vida diaria, realiza breves proyectos de inversión para ganar dinero, quiere estudiar economía de la salud y busca resolver sus dudas.

No cometa mi error, estimado lector, porque no picho, no cacho y no dejo batear. Especialícese.