La enajenación revolucionaria y una maleta con latas de atún

La enajenación revolucionaria y una maleta con latas de atún

No andaba muerto, andaba en la parranda del fin de semestre. Y es que híjole, habemos los que regresamos al cole a aprender todo lo que no aprendimos antes y pues está cabrón. Pero bueno, de mi ronco pecho:

Todos conocemos a alguien (o lo somos [yo no]) que en todo momento defiende los derechos y dignidad de los que menos tienen, lo cual está muy chido, pero de repente resulta que su argumento es una colección de clichés sobre la pobreza, el origen humilde, el anticapitalismo, la demagogia más barata que aquella del frijol con gorgojo. Y esa ya es bastante barata.

Me refiero a quienes tienen un fetiche con la pobreza: defienden y luchan por los pobres, siempre que estos se mantengan pobres, dejando claro y fuerte el pedestal moral desde el que se expresan, aunque queda velado el hedonismo desde donde ello se origina. Por ejemplo, cuando les platiqué sobre mi opinión del caso Coca Cola-Oaxaca, sobre el Auditorio Che Guevara o la gentrificación. Todos esos activismos de un par de semanas que ya ni quién recuerde (yo sí porque soy un arenoso, pero eso lo hago bien).

Es por ello que me gustaría dejar de lado MI hedonismo para relatar un poquito de lo que he aprendido sobre la Cuba mítica que estas personas (y las instituciones más revo, como la FCPyS) nos han machacado a punta de camisetas del Che y el public-shaming de no ser (o parecer) austero:

Una de las cuatro cubanas que conozco por la escuela me contó hace no mucho cómo es la vida es la isla, en parte por las incesantes preguntas de morbo sociológico que otro chavo les hace cada que tiene oportunidad. Sabe Dios si sea por legítima curiosidad o porque quiere escuchar algo muy espectacular, reportero al fin

El regreso a casa ahora que estudia en México, al menos para Leydi, implica llevar de regreso cosas que a su familia le son necesarias y que ella está en posibilidad de proveer. Aquí es donde la realidad me da una cachetada, porque iba a poner "no son lujos" pero sí son, para los abuelos de mi querida amiga (y probablemente muchos de sus paisanos) hacen toda la diferencia. El regalo perfecto que ella puede llevar de la CDMX a su abuelo es una maleta llena de latas de atún y sardinas. No porque ellá no existan, eso me lo dejó claro una vez hablando uno a una, sino porque son productos para la élite política-partidista-hijos-de-la-revolución. "Ay qué exagerada...", puede ser, pero cuando el papel de baño es otro artículo con que llenará otra de sus maletas, la legitimidad de su historia queda asentada.

Por cierto, ella podrá entrar con exactamente la mitad de equipaje que permite el gobierno cubano a un viajero de cualquiera otra nacionalidad. Todo lo demás va con sobreprecio. Y luego un taxi de 80 dólares de La Habana a su pueblo. 

Por eso, antes de emitir juicios furiosos contra quienes (sin tener responsabilidad) no defienden las posturas más chairas, sería bueno hacer un ejercicio de reflexión y documentación de qué carajos se dice a la ligera por conveniencia política o moral. Como si apantallar a los contactos del feis fuera la culminación de nuestra carrera en la opinocracia de los medios digitales.

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Y ahora un poquito de reguetón contracultural, porque me gusta mucho. Tomasa del Real <3